Trabajo como videógrafo de bodas desde una mirada narrativa y autoral. Me llamo Luis Moraleda y dirijo cada proyecto de principio a fin.
En el rodaje suelo estar acompañado de un segundo videógrafo de apoyo y, cuando el proyecto lo requiere, de un operador de dron. La mirada, las decisiones y el montaje final son siempre míos.
No grabo bodas para acumular trabajos, sino para contar historias que tengan sentido con el paso del tiempo.
No hay nada que me guste más que una historia que funcione,
Durante los preparativos y en los momentos de pareja, sí intervengo cuando es necesario. Busco la mejor luz, la composición adecuada y una belleza que ayude a que las imágenes respiren. Son indicaciones suaves, pensadas para no romper el ritmo ni la forma de ser de cada pareja.
El resto de la boda transcurre con naturalidad. A partir de ahí trabajo observando, anticipando y decidiendo en tiempo real, adaptándome al ritmo de lo que sucede y manteniendo siempre una mirada estética y narrativa.
En la edición es donde todo se ordena. Ahí elijo el ritmo, trabajo el sonido y construyo la historia para que funcione más allá del primer visionado. Es un proceso largo y cuidado, pero es la parte que da sentido a todo lo anterior.
No todas las bodas necesitan el mismo tipo de mirada.
La mía está pensada para quienes valoran el tiempo, la emoción y el cuidado en los detalles, también en aquello que no se ve, como el sonido o el ritmo.
El resto se entiende mejor viendo las historias.
Ahí es donde este trabajo termina de explicarse.